Iniciativa 20×20: Dando rumbo a la restauración de tierras a gran escala

17 diciembre, 2014 by (comments)

El pasado 7 de diciembre, ministros de gobierno de seis países latinoamericanos se reunieron con inversionistas privados en el Foro Global sobre Paisajes (un evento paralelo a la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático en Lima, Perú) para poner en marcha la Iniciativa 20×20. Esta iniciativa, liderada por el Instituto de Recursos Mundiales (WRI, por sus siglas en inglés) con el apoyo del CIAT, busca dar rumbo a la restauración de 20 millones de hectáreas de tierras degradadas hacia el año 2020. En representación del CIAT en este evento, confirmé nuestro total compromiso para lograr que la iniciativa sea un éxito y trabajar hacia este propósito conjuntamente con el WRI, el Centro Agronómico Tropical de Investigación y Enseñanza (CATIE) y todos los países participantes.

iniciativa_2020

Supimos de la iniciativa originalmente por Walter Vergara del WRI el pasado mes de febrero en una reunión sobre cambio climático llevada a cabo en el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en Washington (blog). Desde entonces, hemos trabajado estrechamente con él en varias actividades – desde concretar contactos políticos de alto nivel hasta proporcionar datos para un importante estudio sobre los beneficios sociales de la restauración de tierras.

A medida que 20×20 ha ido tomando forma en los últimos meses, nos ha impresionado en gran manera la velocidad y la escala de su progreso. Walter ha hecho un trabajo fantástico en sumar apoyo político y financiero para esta iniciativa. Además, ha sido bastante efectiva la forma en la que ha interactuado con los investigadores que están colaborando para fundamentar un caso sólido a nivel empresarial y científico. Los frutos de los esfuerzos incansables de Walter fueron evidentes en el evento de lanzamiento, en donde su entusiasmo resultó sumamente contagioso, despertando el interés de los participantes en el trabajo a futuro.

Dos cosas en particular hicieron que para el CIAT la decisión de respaldar la iniciativa 20×20 fuera fácil y natural. En primer lugar, encaja con nuestra propia estrategia para construir un futuro eco-eficiente, que también tiene el año 2020 como marco de tiempo, enfatiza en la restauración de tierras y fija metas ambiciosas y cuantitativas. En segundo lugar, y lo más importante, 20×20 encaja con nuestra visión para la agricultura y la tierra rural en América Latina. Creemos que el destino de esta región es ser ­­– no solamente una despensa alimentaria para el mundo – sino también un importante proveedor de servicios ambientales, como la biodiversidad y la mitigación del cambio climático.

Para cumplir su destino, América Latina necesita invertir esfuerzos importantes en estrategias como 20×20 que restauren la tierra degradada y la productividad. No obstante, para que esta iniciativa cumpla su promesa, necesitamos tener claridad sobre las respuestas a dos interrogantes.

Primero, ¿de qué clase de tierra estamos hablando? Obviamente, no todos los ecosistemas son iguales, no todos tienen las mismas posibilidades o se prestan para el mismo enfoque. A mi modo de ver, necesitamos enfocar los esfuerzos de restauración en una amplia gama de paisajes. Estos incluyen tierra agrícola degradada (especialmente en áreas de ladera), pasturas degradadas en vastas sabanas, así como en bosques bajo diferentes grados de presión. De las 20 millones de hectáreas de tierra degradada que se estima existen en esta región, la mitad corresponde a pastizales.

La segunda interrogante es ¿de qué clase de restauración estamos hablando? Así como no todos los paisajes son iguales, no toda la restauración de tierras es la misma. Necesitamos una manera de definir y reconocer los diferentes grados de restauración. Si esperamos que tanto inversionistas como gobiernos apoyen a 20×20, la iniciativa debe contar con un sólido mecanismo de transparencia que llene las expectativas de estos sectores. Cualquiera que sea el mecanismo que utilice, debe mostrar evidencia sólida sobre el tipo y el grado de restauración, los beneficios obtenidos y las personas que se beneficiaron.

Estas son la clase de interrogantes que centros como el CIAT y CATIE abordan cotidianamente. Nuestra labor se enfoca de manera esencial en reunir evidencia sobre lo que funciona y lo que no funciona, dónde, por qué y para quiénes. La evidencia es fundamental para mejorar el desempeño. Es especialmente importante en iniciativas de gran envergadura como 20×20, en donde hay tanto en juego – en términos de recursos y medios de vida para las personas.

En nuestro trabajo para América Latina, veo distintos precedentes que me hacen sentir optimista acerca de la iniciativa 20×20.

Observen el trabajo pionero del Perú sobre un nuevo marco legal y mecanismos financieros novedosos para movilizar el apoyo de los sectores público y privado para la restauración de tierras (blog). Este es un país cuyos líderes entienden que los beneficios económicos compartidos vienen de la mano de las responsabilidades ambientales compartidas.

Consideren también el ejemplo de Colombia, en donde existe la esperanza de que un acuerdo de paz creará las condiciones para un resurgimiento del campo, con base en una agricultura más resiliente y climáticamente inteligente. Este es un país en donde “sobrellevar el cambio climático es la responsabilidad, no solo de uno o dos ministros, sino de todo el gabinete”, en las palabras de Gabriel Vallejo López, Ministro de Ambiente de Colombia.

Y finalmente, consideren lo que han hecho naciones pequeñas como Honduras y naciones grandes como Brasil en términos de tecnología – desarrollando combinaciones innovadoras de cultivos, pasturas y árboles para crear beneficios en productividad y medio ambiente.

Estos ejemplos me dicen que la iniciativa 20×20 puede tener éxito. Aunque esto no significa que lo tendrá. Incluso con un importante compromiso y apoyo financiero del gobierno, el éxito no llegará automáticamente. Todos nosotros tenemos que lograr que 20×20 sea un éxito, y para hacerlo, necesitamos el enfoque adecuado – uno que integre las dimensiones política, financiera y tecnológica; reúna a las personas y las organizaciones que puedan unir estas dimensiones de una forma más efectiva; y que forje confianza entre gobiernos, inversionistas y la gente del campo mostrando evidencia de éxito con fundamento científico.

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