Imágenes tomadas por Terra-i (serie # 1): Un tour rápido por algunas zonas de alto riesgo de deforestación… y al menos una razón para ser optimistas

17 mayo, 2013 by (comments)

Escondida en la parte posterior del edificio de un solo piso donde funciona el Área de Investigación del CIAT en Análisis de Políticas, se encuentra una puerta marcada E0-30. En su interior, hay un laberinto de oficinas, una de ellas es el centro neural de Terra-i.

Aquí, programadores y expertos en sistemas de información geográfica (SIG) utilizan imágenes de satélites a cientos de kilómetros de distancia de la Tierra para seguirle la pista a la deforestación en América Latina en casi tiempo real. Tomando café a sorbos en su taza de Star Wars, Louis Reymondin, líder del equipo y principal responsable del desarrollo de Terra-i, me invita a un tour virtual por los bosques del continente para demostrar la capacidad del sistema.

Terra-i funciona utilizando las imágenes satelitales de América Latina capturadas cada 16 días, superponiéndolas sobre mapas de Google y analizando cualquier cambio en la cobertura de la vegetación. Con la ayuda de algunos algoritmos hechos a la medida —cortesía de Reymondin y su equipo— estos cambios se presentan como pixeles de diferentes colores en el mapa. El amarillo indica los primeros cambios que datan de 2004, subiendo a tonos más fuertes de naranja y rojo hasta finalmente magenta, los más recientes, en 2012. Cada pixel representa un área de tierra equivalente a casi ocho canchas de fútbol.

Se puede volar por toda América Latina en segundos, haciendo acercamientos sobre sitios de interés, buscando zonas de alto riesgo de deforestación pasada y presente.

“Si vamos al departamento de Pando, Bolivia, podemos apreciar una intensa presión justo contra el límite con Brasil”, dice Reymondin. Y despegamos con una trayectoria sur desde Colombia hacia los tramos occidentales de la cuenca amazónica en Brasil, continuando justamente hacia Pando. Cuando llegamos, conglomerados (clusters) de pixeles amarillos, anaranjados y rojos cuentan una historia de prolongada tala forestal. “Probablemente fue ocasionada por la producción pecuaria”, comenta, haciendo un acercamiento en el lado de Brasil de la frontera ribereña para revelar franjas grandes y desordenadas de tierra talada, con una dispersión poco densa de árboles en pie. “Si la tala fuera por cultivos, esperaríamos ver algo mucho más ordenado y organizado”. Terra-i Pando1

Levemente hacia el oriente y cruzando hacia Perú, Terra-i identifica más presión en la zona de bosque, las imágenes satelitales revelan marcas sorprendentes a lo largo de la sección del río Madre de Dios, que de por sí es de color caramelo claro. “Esto es típico de la minería de oro”, dice Alejandro Coca, experto en SIG y miembro del equipo Terra-i. “La sedimentación súbita y pesada es uno de los efectos ya que los mineros destruyen las orillas de los ríos en búsqueda de oro”. Una revisión de investigaciones existentes reveló que de hecho es una zona de minería de oro, y las imágenes de Terra-i muestran claramente nuevas áreas de deforestación más adelante a lo largo del río, casi sin duda una señal de que la actividad minera se está extendiendo. El equipo de Terra-i ha registrado índices de deforestación en el área que concuerdan perfectamente con el aumento en el precio internacional del oro, y el precio del mercurio —utilizado para separar el oro del cieno.

Terra-i mining 1

Fue mientras volaba por la región desde la comodidad de su silla giratoria que Reymondin recientemente descubrió un patrón extraño de deforestación en el estado de Pará, Brasil —hogar de algunos de los índices más elevados de destrucción forestal en la Amazonia. Se había topado con el área de los indígenas Parakañá, un oasis de bosque casi perfectamente intacto. A juzgar por los espesos conglomerados de pixeles de colores alrededor de esta zona —y en especial al sur y occidente— el bosque cercano recientemente había tenido un final bastante amargo. No obstante y por alguna razón, la deforestación se detiene abruptamente en el límite del área de los Parakañá.

“Se esperaría observar al menos una pequeña cantidad de tala forestal dentro del área”, señala. “Sin embargo, está completamente intacta. Nos encantaría saber cómo han logrado proteger el bosque tan eficazmente. Esa clase de información sería de gran valor para nosotros y para el resto del mundo —en especial para los formuladores de políticas que desarrollan programas de REDD+ (Programa Colaborativo de las Naciones Unidas para la Reducción de Emisiones debidas a la Deforestación y Degradación Forestal en los Países en Desarrollo). Ojalá sean razones para ser positivos acerca de las perspectivas para la conservación de los bosques y la protección de los servicios ambientales que ellos brindan”.

Terra-i parakaña 1 with text

Terra-i parakaña 2

Inmediatamente fuera de la zona, busca pistas sobre lo que está causando la deforestación. El mapa revela más franjas desordenadas de tierra con árboles en pie ocasionales: más producción pecuaria, supone. A medida que nos deslizamos levemente hacia el oeste, Reymondin se detiene en lo que parece una zona despejada, probablemente menos de un kilómetro desde el límite del área indígena. Cuando hace acercamientos, se aprecia lo que sin duda es un aserradero, con muchos troncos de árboles grandes amontonados en diversas pilas cerca de una estructura grande en forma de hangar con techo de metal.

“Incluso con el aserradero justo en el umbral de entrada, los límites del área indígena son respetados —tanto es así que se pueden apreciar claramente desde el espacio. Aquí deben haber lecciones que aprender”.

En nuestro próximo punto de destino, rápidamente resulta evidente que una zona indígena designada por sí sola no basta para preservar el bosque. Al volar Reymondin con rumbo sur y hacer acercamientos sobre el estado de Mato Grosso de Brasil, llegamos a la zona de los indígenas del Xingú, en donde Terra-i revela inmediatamente conglomerados de pixeles rojos que se aferran a las cintas del río Xingú, indicando una tala de bosques relativamente reciente.

Cualquiera que sean los cambios que se están presentando en el uso de la tierra, no parecen ser señales de minería de oro, así que es bastante probable que el valor logístico del río en sí se encuentre entre la lista de causas.

Reymondin y Coca dicen que es algo que ven muy a menudo —la tala de bosques para abrir rutas de transporte, especialmente ríos y carreteras recién construidas. Las carreteras y los ríos facilitan el transporte de gente y maquinaria que llegan, y madera, cultivos y ganado que salen. La zona de Parakañá no tiene ni un río ni una carretera importante que la atraviese. Tal vez eso ayuda a explicar por qué su bosque sigue todavía en pie.

Terra-i Xingu

Resulta que las zonas de alto riesgo más recientes en el área del Xingú son tan nuevas que no es posible hacer mayores acercamientos para tratar de descifrar qué ha sucedido. No obstante, Reymondin y Coca tienen sus sospechas: moviéndose hacia el norte a zonas de alto riesgo de deforestación cercanas, el mapa revela mosaicos sumamente organizados y homogéneos de campos rectangulares. Se miran mutualmente: “Soya”. En uno de los campos, la deforestación es tan reciente que incluso se puede apreciar la dispersión de árboles talados, tendidos como pequeños fósforos sobre el oscuro suelo.

Por ser Terra-i de uso abierto y gratuito, Reymondin espera que el sistema atraiga más y más usuarios. Anomalías como la de la zona indígena de los Parakañá serán evidentes con frecuencia cada vez mayor —pequeños parches de bosque intacto que parecen resistirse a la tendencia general de la tala de tierras. “Debemos encontrar una manera de explicar estos parches”, dice. Por lo menos demuestran que, si bien hay razones para preocuparse por el destino de los bosques en América Latina, también se pueden vislumbrar detalles positivos que nos dan motivos para ser optimistas”.

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Terra-i fue desarrollado por el CIAT, Conservación de la Naturaleza (TNC), el King’s College de Londres y la Universidad de Ciencias Aplicadas y Artes de Suiza Occidental.

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