Los campos en llamas de Punjab

30 noviembre, 2011 by (comments)

Briznas negras de pajas quemadas de arroz caen como nieve en Sangrur, en el estado de Punjab, India.

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Entre finales de octubre y principios de noviembre es el momento del año en que cientos de productores de arroz en Punjab, tras recoger su cosecha, se apresuran a despejar el terreno y prepararse para la temporada de trigo. Esto significa para la región gran cantidad de quemas.

Durante casi dos semanas, más de un millón de hectáreas de paja y rastrojo arden en llamas, liberando —según mis humildes cálculos— unas 12 megatoneladas de dióxido de carbono. El humo envuelve vecindades enteras y bloquea el sol. Durante los cinco días que estuve en Sangrur yendo de un lado para otro, nunca vi el cielo, solo neblina de humo.

Por donde quiera que íbamos encontrábamos los campos bien sea en llamas, o ennegrecidos y todavía humeantes, o con la paja apilada en espera de ser incinerada. La mayoría de los agricultores realizan las quemas en horas de la tarde, cuando la paja y el rastrojo están relativamente secos, de modo que la ceniza cae hacia las 4:00 p.m.

Sistemas agrícolas en desequilibrio

En esta zona productora de granos de India, el arroz y el trigo se han cultivado en rotación anual a escala industrial durante muchos años. Sin embargo, se vislumbran señales de desequilibrio en un sistema agrícola que da de comer a unas 500 millones de personas.

Debido a la disminución de los niveles de aguas subterráneas, es prohibido que los agricultores siembren arroz hasta el 10 de junio de cada año; esto permite que las reservas de agua de riego se vuelvan a llenar durante la época de lluvias del país.

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La desventaja de sembrar arroz en una fecha fija hace que el calendario agrícola sea inflexible, y solo queden pocos días para que los agricultores despejen los terrenos y siembren trigo. Arrojar un fósforo en una pila de tallos de arroz es una forma efectiva y de bajo costo para lidiar con su problema de residuos del cultivo, reduciendo una hectárea a ceniza ardiente en cuestión de 10 minutos.

Para que entendamos el problema, en años recientes las temperaturas ascendentes durante la temporada de trigo han empezado a afectar la producción, con pérdidas de hasta un 15% en rendimiento para algunos agricultores. Mucha gente podría quedarse sin chapati —un tipo de pan plano consumido localmente, hecho de una masa de harina integral, agua y sal—  y es un motivo más para que los agricultores siembren el trigo de manera oportuna, justificando así la necesidad de quemar los residuos de la cosecha de arroz.

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Búsqueda de opciones más inteligentes

Si bien la quema de residuos es una solución de bajo costo, no es una alternativa ‘inteligente’  respecto al clima, el suelo, la biodiversidad ni la salud.

Sentado en montones de ceniza de arroz, me pregunté qué sucedería en un mundo ideal… Tal vez el ganado pudiera alimentarse de la paja y el rastrojo, y él a su vez produciría estiércol para abonar el suelo. O el trigo se podría sembrar mientras el rastrojo de arroz lentamente se marchita del todo, mientras sirve de abono orgánico. Incluso menos convencional, quizás más agricultores podrían cosechar el arroz manualmente, ya que la necesidad de quemar sus residuos parece venir de la necesidad de despejar los largos tallos que dejan las máquinas cosechadoras; con la cosecha manual, no habría quemas.

Pero ninguna de estas opciones parece viable. Al ganado no le gusta mucho el rastrojo de arroz, según dijo el Dr. Sarwan Singh, líder de proyecto en la Cooperativa de Fertilizantes para Agricultores de la India (IFFCO, por sus siglas en inglés). Además, probablemente habría demasiada biomasa para digerir. Por otro lado, la mano de obra es relativamente costosa en comparación con el alquiler de una cosechadora. Había al menos 15 personas paradas al pie del camino mirando cómo funcionaba una de estas cosechadoras.

Si fuera el caso de que la gran mayoría de los agricultores del lugar estuvieran acostumbrados a un cierto nivel de mecanización, la historia que escuché repetidas veces es que se necesita un equipo muy sofisticado para sembrar trigo si todavía queda rastrojo de arroz en el terreno.

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Una posible solución, según varios agricultores, es una sembradora-fertilizadora, fabricada localmente, llamada “Happy Seeder”. Se conecta a un tractor y siembra las semillas de trigo directamente en el suelo, abriéndose paso entre el rastrojo del arroz. Puede que con esto se acaben las quemas, pero esta perforadora es unas 500.000 veces más costosa que un fósforo.

Y el precio no es el único limitante. En una aldea encontramos una Happy Seeder estacionada tras puertas cerradas, cubierta de telarañas. Aparentemente, su propietario no la había usado en más de un año porque no había podido encontrar el tipo correcto de tractor para su propulsión.

Cuando salí de Sangrur, con la ropa oliendo a humo y escozor en los ojos, me enteré de dos noticias recientes. La primera, publicada en octubre pasado en el periódico The Tribune (disponible en inglés) de Chandigarh, India, detallaba la inminente apertura de una planta de energía a partir de biomasa en Fazilka, a unos 150 km de distancia, abastecida mayormente por combustible obtenido de paja de arroz. Un avance pequeño pero significativo.

La segunda fue una noticia de CNN/IBN (disponible en inglés) acerca de un enorme incendio en un depósito de almacenamiento de arroz. Aparentemente las deficientes instalaciones de almacenamiento terminaron con toneladas de grano de arroz, reduciéndolo a cenizas.

Por Neil Palmer.

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