Kenia: Un vistazo a la agricultura inteligente respecto al clima

21 octubre, 2011 by (comments)

El vivero de árboles de Maurice Kwadha, ubicado en su finca en la aldea de Kochiel, se convirtió en la sede para celebrar el Día Mundial de la Alimentación y compartir su experiencia para enfrentar el problema de lluvias cada vez más impredecibles y períodos secos más intensos.

Hay quienes describen a Kwadha como agricultor, empresario y alguien que ha sabido aprovechar el clima. Sin embargo, algunos en Kombewa, en la cuenca del río Nyando en Kenia occidental, solían tildarlo de loco.

Una vez, cuando estaba recogiendo bolsas usadas de leche tiradas en el mercado local, fue atacado físicamente por alguien que pensó que había perdido el juicio. Pero Maurice tenía un plan para su pequeña finca, hacer un vivero.

De frente al sol vespertino en su finca, sonríe a la vida. El día anterior su finca fue sede de un evento especial con ocasión del Día Mundial dela Alimentación, al cual acudieron más de 100 personas, entre ellas el comisionado provincial del área, a quienes les enseñó su finca. Aunque Maurice posee menos de media hectárea de tierra, lo que ha hecho con ella para nada carece de inspiración y es quizás uno de los mejores ejemplos de intensificación agrícola sostenible e inteligente respecto al clima en la región y en el país.

Su sistema agroforestal se ha establecido en el momento justo, ya que la cuenca del Nyando, al igual que muchos sitios de África Oriental, luchan para enfrentar el problema de lluvias cada vez más impredecibles y períodos secos más intensos. Su sistema demuestra que con un poco de ingenio, una pequeña parcela de tierra no es una barrera para impulsar la producción de alimentos, mejorar la resiliencia ante el cambio climático y desarrollar un negocio rentable.

En un área apenas más grande que una cancha de tenis, tiene parcelas densas y frondosas en todos los tonos de verde. Las áreas de maíz y pasto napier de tupido forraje se divisan cerca a las hileras de árboles de banano y papaya de alto valor; varios callejones de árboles linderos multifuncionales, que incluyen Calliandra y Grevillea, ayudan a estabilizar y renovar el suelo, mantener el agua del suelo, proteger la capa superior de la erosión eólica, proveer sombra y forrajes y eventualmente leña para combustible y material para construcción. Aprovecha el mantillo foliar de las plantas Tithonia como abono verde para sus árboles frutales. Más arriba tiene un área pequeña para cebolla, batata y tomate.

A medida que caminamos sobre los linderos de la finca y el lodo se aferra a mis zapatos, observo que la finca de su vecino, sembrada casi totalmente con maíz, tiene una apariencia terriblemente desprotegida; el suelo es polvoriento y seco. Maurice compara el uso de la tierra con tener una cuenta bancaria: no se pueden hacer retiros indefinidamente sin tener nada ahorrado. Por el momento, parece que el saldo de su vecino está en rojo.

Maurice ha apartado un sitio especial para una cabra lechera y espera tener un establo de pastoreo mecánico para su vaca lechera. Además, él mismo cavó un estanque grande, al que bombea agua de un río estacional cercano, instaló un inodoro EcoSan y tiene una cisterna de 3000 litros donde recoge aguas lluvias del techo de hojalata de su casa. También, es partidario de fabricar el abono orgánico con diversos sistemas implementados, e incluso tiene un fogón de leña muy eficiente para cocinar.

La madre de todo

El mayor orgullo de Maurice es su próspero vivero de árboles, que a pesar de ocupar menos de un cuarto de su terreno cultivado, es su empresa más rentable. En él tiene un enorme lote de 20.000 plántulas de mango, Calliandra, Grevillea y especies arbóreas locales. Algunas son para su propia finca, pero la mayoría es para la venta.

Muchas de las plántulas crecen en las bolsas de leche desechadas, las mismas que metieron a Maurice en problemas cuando las recogía del suelo en el mercado local. Según él, recordar el incidente todavía le produce lágrimas. Comenta que algunas veces en la agricultura se tiene que actuar como un loco, pero mientras se tenga conciencia de lo que se haceiendo, todo saldrá bien.

Maurice también recogía del piso pepas de mango para establecer su vivero de mango. Ahora vende sus plántulas a una clientela variada, que incluye el gobierno keniano. También ha incursionado en la producción de mango injerto.

El dinero del vivero le permitió comprar e instalar su tanque de aprovechamiento de aguas, una bomba, tubería y un televisor. Con estos ingresos fue posible enviar a uno de sus hijos a la escuela y otro a la universidad.

“Si seguimos conversando sobre lo que he comprado con el dinero producido del vivero, vamos a estar aquí toda la noche”, dice riéndose. Haciendo un gesto contundente con su mano, simplemente afirma que el vivero aquí “es la madre de todo.”

No obstante, Maurice reconoce que para una persona sola la conservación ambiental no es tarea fácil —el trabajo en red y la colaboración son esenciales— y admite que todavía hay mucho camino por recorrer. Cree que si la comunidad entera puede apreciar lo que él está haciendo y adopta prácticas similares, juntos producirán un cambio positivo e importante. Su participación como presidente de un grupo juvenil local es un paso en esa dirección.

“Lo que he aprendido al practicar la agricultura es que, independientemente de lo pequeña que sea, lo que realmente importa es la manera en que utilizas tu finca.”

Cualquiera que sea el adjetivo con que la comunidad local describa a Maurice, definitivamente la palabra loco no es uno de ellos.

Por Neil Palmer

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En julio del 2011, Maurice colaboró en la coordinación del primero de una serie de talleres con el Programa de Investigación del CGIAR sobre Cambio Climático, Agricultura y Seguridad Alimentaria (CCAFS, por sus siglas en inglés), conjuntamente con socios de la Universidad de Oxford. El propósito de los talleres es mejorar la capacidad de las comunidades rurales para afrontar sus desafíos más apremiantes. Más detalles próximamente. Kochiel es además una de las diferentes aldeas que participan en el primer proyecto de África sobre captura de carbono del suelo, dirigido por la ONG Centro Cooperativo Sueco (SCC, por sus siglas en inglés) –Vi Agroforestal (ViA) junto con el Banco Mundial y el gobierno de Kenia. 

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